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CONCEPCIÓN Y CONSTRUCCIÓN DE EDIFICIOS DESDE EL PUNTO DE VISTA DEL ARQUITECTO


Congreso de la Federación Internacional del Pretensado en Estocolmo del año 1982. Publicado en Proceedings of the Ninth Congress of the Fédération Internationale de la Précontrainte. STOCKHOLMG 10 June 1982. Volume 1 . Seminar Papers. Fédération Internationale de la Précontrainte.

Quiero en primer lugar agradecer a la Secretaria General de la Federación Internacional del Hormigón Pretensado, la invitación que me ha hecho para presentar una ponencia en el Congreso de la F.I.P. de mil novecientos ochenta y dos, sobre "concepción y construcción de edificios desde el punto de vista del arquitecto".

En otras épocas de la Historia eran las necesidades estructurales de la arquitectura las que exigían invenciones técnicas. Como es el caso de la bóveda de crucería, para cubrir los grandes espacios de las catedrales, en la arquitectura gótica.

Hoy son los problemas de la ingeniería de grandes puentes principalmente, las que han exigido nuevas soluciones técnicas de las que el Hormigón Pretensado es, sin duda la de mayor interés.

Hay que reconocer que la aparición de esta nueva técnica no ha proporcionado en el campo de la arquitectura más que algunas aplicaciones esporádicas, - como soluciones técnicas llevadas a casos concretos - por especialistas y sin que llevaran a afectar a los profundos problemas estructurales y estéticos de la arquitectura de hoy.

En cierta manera, el camino que está siguiendo esta nueva técnica es análogo al del acero laminado que si bien consigue resultados importantes en la arquitectura de Ferias y Exposiciones a finales del siglo pasado y principios del actual, no adquiere su auténtica expresividad arquitectónica - con Mies van der Rohe- hasta más de medio siglo después de estar empleándose rutinariamente.

A pesar de esa evidente indiferencia de los arquitectos por el hormigón pretensado existen esenciales razones para considerar que el hormigón pretensado es el primer material y la primera técnica que resuelve satisfactoriamente la antiquísima dualidad:"durable-traccionable”.

Después de las soluciones del hombre primitivo de defenderse de la naturaleza hostil, en las cavernas y grietas de las rocas y también de construir casi instintivamente chozas cónicas; como los pájaros hacen sus nidos, el hombre inicia la construcción de espacios habitables que terminaran por ser lo que llamamos arquitectura.

Dentro de estos espacios, el hombre solo o en grupos más o menos numerosos, ha de estar no solo de una forma inactiva y sedentaria, si no que ha de realizar funciones de muy diversa índole y características tanto estáticas como dinámicas. Así como los animales superiores poseen un sentido de territorialidad; de propiedad de un espacio, sobre todo en ciertas aves. Existe también en el hombre un espacio que le rodea y que no termina en su piel que, como ha estudiado Edward T. Hall forma como una "burbuja".

Esta burbuja, que varia de dimensiones según diferentes factores culturales, climáticos, dé idiosincrasia, etc. vendría a ser la generatriz del espacio arquitectónico cuando el hombre realiza diferentes funciones dentro de él.

El resultado del movimiento de ese volumen generatriz de la "burbuja" humana es, en cualquier caso, un espacio limitado arriba y abajo por dos superficies paralelas y su sección una estructura adintelada. Pero el dintel contiene una pieza flexionada en la que en ciertas zonas la pieza está sometida a esfuerzos de compresión y otras a esfuerzos de tracción.

Y esta doble cualidad de compresión y estiramiento exige del material con el que se va a construir el dintel unas características de estructuración moléculas muy especiales . Características que tienen en la naturaleza los de origen orgánico leñoso, pero no lo tienen los de origen pétreo.

Los primeros trabajan bien; pero se pudren los de constitución mineral son durables pero trabajan mal a esfuerzos de tracción. La historia de las estructuras arquitectónicas es la de la evolución de las técnicas para salvar esta dualidad: durable-traccionable.

En unos casos como en la arcaica arquitectura monumental griega, el problema se plantea y se resuelve correctamente en cuanto a su aspecto tensional: pero las maderas se pudren.

Una traslación, de las soluciones de madera a los de la piedra o el mármol, falsea la expresividad de toda la arquitectura clásica: griega, romana y del Renacimiento, que ha resuelto su propiedad durable y ha abandonado la de deber resistir tensiones de tracción.

La sustitución de un espacio arquitectónico correctamente antropomórfico por un espacio estructuralmente correcto, crea toda una serie de realizaciones arquitectónicas durables en bóvedas y cúpulas y que continuara hasta hoy en membranas de hormigón, engendradas por superficies regladas o no, y, hasta en las bóvedas colgadas de simple o doble curvatura y con las que es posible que la piedra o el hormigón trabaje en toda la pieza solamente a compresión.

La creación del hormigón armado, asignando principalmente al hormigón la misión de resistir los esfuerzos de compresión y a la armadura de acero los de tracción, casi resuelve la histórica dualidad durable-traccionable. Pero realmente aunque asignemos al acero el trabajo de absorber los esfuerzos de tracción, el hormigón en las zonas en que la pieza está traccionada está también traccionado y como consecuencia fisurado, aunque solo sea microscópicamente; porque la armadura de acero impide que esas fisuras sean mayores.

Aunque pueda parecer un "truco" el comprimir previamente el hormigón con alambres o cables de acero previamente tensados e indisolublemente unidos al hormigón por adherencia o anclajes, para que cuando la pieza se ponga en trabajo y experimente esfuerzos de tracción estos estén contrarrestados por los previos de compresión y aún quede un resto de esfuerzo de compresión primitivo, que es lo que conocemos por hormigón pretensado, es indudable que es el primer material de que ha dispuesto el hombre que resuelve satisfactoriamente esa dualidad arquitectónica de conseguir un material durable-traccionable.

Pero existe también otra dualidad en arquitectura que es también posible resolver con el hormigón pretensado.

Para mí la arquitectura es "un trozo de aire humanizado”. El problema de la arquitectura es el de crear espacios para el hombre, en los que dimensionalmente pueda realizar determinadas funciones previamente programadas y en cuyo ámbito estén corregidos los aspectos hostiles de la naturaleza, tales como frío, calor, lluvia, etc.

Este problema se resuelve limitando una porción del espacio libre con unas superficies limitantes y aislantes.

Pero esas superficies limitantes: techo, suelo y paredes, han de sostenerse y es, entonces, cuando aparece el problema de la estructura, como sistema resistente en el que se acoplan los materiales limitantes del espacio arquitectónico.

Si encontramos un material que simultáneamente pudiera ser estructura y cerramiento tendríamos más clara y simplemente resuelto el problema arquitectónico total sin tener que desdoblar en una parte exclusivamente resistente, estructural, y otra de cerramientos transparentes u opacos sostenidos por esa estructura. Las soluciones, generalmente huecas de hormigón pretensado pueden dar la respuesta ideal para resolver de forma unitaria el problema tanto estructural como arquitectónico.

Las formas huecas no son nuevas ni típicamente, arquitectónicas. En las soluciones que la ingeniería ha realizado - como es el caso de las vigas de cajón- y que yo supongo que se han engendrado por la fusión de dos vigas de doble T unidas, se han planteado soluciones análogas pero solamente con intención estructural.

Si como he realizado en algunas de mis obras, las piezas pretensadas huecas se realizan con esta doble intención estructural arquitectónica, el resultado obtenido he comprobado que tiene una gran semejanza con las estructuras óseas de los animales vertebrados y esa ha sido la razón por la que, con cierto sentido del humor, he llamado a estas piezas pretensadas y postesadas: huesos.

Con toda objetividad se puede afirmar que no ha encontrado hasta hoy la arquitectura un material y una técnica que como esta del hormigón pretensado pueda tan perfectamente cumplir esta doble dualidad: durable-traccionable, estructural-arquitectónica.

Pero existe también otro problema típicamente plástico. Pues no hay que olvidar que la arquitectura es una de las Bellas Artes.

Un material que reúne unas propiedades de una forma tan nueva, ha de tener, desde un punto de vista estético, una expresividad propia totalmente distinta a la de los otros materiales que se utilizan en la edificación.

De la misma forma que otros materiales han tenido a lo largo de la historia de la Arquitectura su expresión propia: la madera, la piedra, el acero laminado, etc. La nueva técnica del hormigón armado y posteriormente del pretensado ha de tener la suya y abandonar los mimetismos que hasta ahora se han ido realizando con apariencia de soluciones en madera, piedra o acero.

En primer lugar el hormigón es el único material que se pone en obra en un estado (pastoso); distinto al que luego ha de perdurar. Este estado pastoso ha de recordarse de alguna manera que su estado final definitivo como una huella genética de un material que en su origen fue blando y se echó en un molde y que adquirió la forma y la textura que le proporcionó ese molde.

En segundo lugar su posibilidad durable-traccionable ha de aprovecharse en todas las posibilidades para crear espacios arquitectónicos antropomorficamente, correctos y a la medida y conveniencias del hombre y de la sociedad humana.

Y, por último, hay que obtener todas las posibilidades tanto económicas, como plásticas de esa fusión estructural-arquitectónica de este material. Todas estas posibilidades han estado en mi ánimo y en mi preocupación creativa a lo largo de hace más de 25 años y a continuación voy a presentarles algunos ejemplos de mis modestas realizaciones.